Tres


Estuviste en mi entierro. No lo puedes negar, desde el frío de mi nuevo hogar reconocí tu voz, tus palabras llenas de rencor y odio pero que se sienten como caricias. Una, dos, diez, ochenta, dos mil veces sentiste el placer de mis golpes, nunca fuiste lo suficientemente resistente, la sangre es un premio, es la vida propia, nunca lo pudiste asimilar, te quedaste en tu rol de novata. Aunque quieras, desde ahora estás condenada por siempre, eres un poco muerta, eres un pedazo de tierra, tu alma se escapó con mi sangre, no te pudiste contener y me fui contigo.

Te espero en ese lugar en el que has deseado estar, no tienes nada que temer porque la tierra es suave, el dolor no es más que tu sueño menos íntimo, tus gritos de cerda mal parida, siempre serás una sombra de mí, aunque sólo sea tu pesadilla más deseada.

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